Alrededor de unas cinco mil personas asistieron ayer al Primer Ball dels dimonis en la Plaça Ramon Llull, uno de los actos más esperados, después de la Concòrdia, en el marco de las fiestas en honor a Sant Antoni de Manacor.
Torradores
A partir de las 20.30 horas ya se estaban calentando los motores con unas 14 ‘torradores’ colocadas estratégicamente a lo largo y ancho de la plaza para poder asar el pan, los botifarrones y las longanizas que el Patronat de Sant Antoni ofreció a los asistentes, preparando raciones para unas tres mil personas. Tampoco faltó el vino, el agua y naranjas de postre.
A pesar de la comida que se dispensó de forma gratuita, muchas personas traían sus propios alimentos, conscientes de que podría no bastar ya que se acumularon más de cinco mil personas que no quisieron perderse el tradicional Primer Ball de los dimonis.
Sobre las 21.15 horas, la colla de dimonis (formada por Toni Lluís Reyes que encarnaba el Dimoni Gros, acompañado por los ‘dimonis petits’, Magdalena Pérez y Antoni Juan; la figura de Sant Antoni representada por Llorenç Prohens y el baciner Mateu Juan) entraron en las instalaciones de la Escola Municipal de Música donde se vistieron con los atuendos tradicionales para después salir a bailar hacia la Plaça.
Seguridad
Las fuerzas de seguridad hicieron acto de presencia en una noche como ayer ya que siempre puede producirse algún exceso. Aún así, no se tuvo que lamentar ningún altercado de importancia. Entre la Escola de Música y la Plaça Ramon Llull, se colocaron barreras para separar el trazado por donde pasó la comitiva formada por los dimonis y los músicos. Puntualmente, a las 22 horas se iniciaron los bailes.
Momento álgido
Un cohete hizo estallar la fiesta. Los asistentes se emocionaron cuando la música de los xeremiers empezó a sonar. La mayor parte de la gente iba vestida con los jerséis, chaquetas y gorras negras oficiales de la fiesta. El contraste del color rojo de los pañuelos y bufandas daba un singular colorido al espectáculo.
Un gran número de personas cantaban las letras populares de Sant Antoni, mientras otras, móvil en mano, no paraban de hacer fotos y vídeos del emocionante momento en que los dimonis bailaban al ritmo que les marcaban los ‘sonadors’ y los músicos de la banda. Después de una hora y casi treinta bailes, la cuadrilla de Sant Antoni se fue a descansar.
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